LA BUNYOLERA I LA BRANCA DE LLORER
Juan B. Viñals Cebriá
Recuerdo con verdadera nostalgia, aquella típica estampa que antaño surgía durante todos los días que duraban plantadas las fallas, y que la componía aquella guapa bunyolera, con aquel pelo peinado con tanta gracia, y ataviada con el delantal blanco almidonado, manguitos blancos en los brazos y, el puesto de buñuelos orlado con la tradicional y olímpica branca (tronco) de llorer (laurel).Ofreciendo una estampa llena de lirismo y colorido que bien pudo inmortalizar el genial pintor Sorolla, que ahora, en tiempo de prisas, de marketing, y sobresaltos nos lo ha hurtado. Antaño era impensable que en las calles más engalanadas, donde se plantaba un típico cadafal (falla), faltase la representativa bunyolera y por lo tanto, el embriagador aroma que desprende la mezcla de la fritura de los buñuelos, las verdes hojas del laurel, el estampido de algún petardo disparado por la chiquillería del barrio, todo eso mezclado con las notas musicales desgranadas por alguna de las muchísimas bandas de Música, que amenizan tan alegres festejos.Cuando en su día la Junta Central Fallera tuvimos que identificar nuestra máxima distinción, no dudamos en investirle con el nombre de BUNYOR D'OR ABM FULLES DE LLORER. Esta llepolia de los buñuelos es tan antigua en nuestra Valencia, que el celebrado Jaume Roig, ya nos los describe en el 'Espill'.El arabista Huici Miranda tradujo un libro de cocina hispano magrebí (a caballo entre los siglos XII y XIII) donde aparece una aproximadísima receta bunyolera. Y por último, F. Caballero i Muñoz, en el año 1928, en la más importante publicación fallera de aquellos lejanos tiempos, se refería a la loada bunyolera y a la desaparecida branca de llorer de la manera siguiente:"Bunyolera galana. Que eres goig i sonrisa del carrer I animes amb la gracia soberana la josefina festa valenciana
baix el florit brancatge del llorer”.
jueves, 2 de octubre de 2008
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